Día de san Valentín

Vaya día el de hoy, quien me lo iba a decir entonces…

Ya no siento los escalofríos que grabaste por todo mi cuerpo,
pero jodidamente los extraño,
en mi despertar de hoy juro
que te he deseado como siempre, hasta mojar mis ojos.

Ahora que nadie lee lo que escribo puedo confesar
que no hay mañana que amanezca sin pensar en tu ciudad;
en sus plazas, mercados de abastos y calles
iluminadas por tus grandes ojos y feliz sonrisa.

Delito y pena

Los acreedores tienen mejor memoria que los deudores,
eso siempre ha sido y será así sin duda alguna.
Hoy reconozco que no se absolutamente nada de ti.
Si ríes, lloras, me recuerdas o me has olvidado,
pero reconozco que recuerdo tus ojos y tu boca.

Supongo que tendemos a no olvidar las cosas buenas,
esos momentos que pasamos juntos riendo a carcajadas,
esos malos momentos donde ambos apoyamos firmemente,
o esos otros revolviéndonos entre sabanas de hotel.

Es curioso, pues en la cotidianidad de todos los días,
normalmente todos se quejan de la mala memoria,
justificando así sus tontos despistes y faltas,
sin ser conscientes del sufrimiento que provocan.

Y sé que en cierta medida, la memoria humana
automáticamente borra los recuerdos dolorosos.
A mí me debe pasar eso, y no desapareces de mi memoria.
Hoy sé que mi delito fue amarte y mi pena recordarte.

El breve espacio en que no estás

Todavía quedan restos de humedad,
sus olores llenan ya mi soledad,
en la cama su silueta
se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio en que no estás.

Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe al día siguiente lo que hará,
rompe todos mis esquemas
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio de lo que dá.

Suele ser violenta y tierna
no habla de uniones eternas,
más se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.

No comparte una reunión
más le gusta la canción
que comprometa su pensar.

Todavía no pregunté: te quedarás,
temo mucho a la respuesta de un jamás,
la prefiero compartida
antes que vaciar mi vida
no es perfecta mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé.

Esta canción que escribió el gran Pablo Milanes en 1984 y siempre me ha recordado a una única mujer, la protagonistas de todos los poemas de este blog. Hacía tiempo que no escribía, en un enorme ejercicio en favor del olvido, de ese olvido que jamás llega. En mañanas como esta, tarareas una canción sin saber muy bien por qué, después de varias horas buscas las canción para oírla, te quedas prendado de ella, se te mueve todo por dentro, captas olores y sabores de antaño, el suave recuerdo de una piel de mujer con olor a vainilla, unos grandes ojos que te miran entregándote un cielo de felicidad, una forma de entregar el cuerpo y el alma que jamás he vivido en otro cuerpo, pues es imposible. Una canción cantada al oído después de la pequeña muerte la primera vez que nos amamos.

No se quien leerá esto, solo he necesitado expresar esto que me bulle dentro y que no puedo aplacar. Ojalá lo lea ella y sepa lo que siento dentro de mi pecho. Ayer, hoy y presumiblemente siempre.

Quién amó nunca olvida; quien olvida nunca amó.

Esta tarde

Esta tarde rodaré, por una serpiente de asfalto,
al recuerdo de tus besos, al lugar donde sin esperarnos
por primera vez nos vimos, besamos y amamos,
donde se sació nuestra primera necesidad de piel.

Viajaré a esa ciudad que siempre me recuerda a ti,
divagaré mientras conduzco deseando ya lo vivido,
a sabiendas que no pisaré aquella cuesta del Albaicín,
que jamás volveré a disfrutar del paraíso de tu boca.

Lagrimas por el olvido

Hoy, ya ves mi amor, que somos casi desconocidos,
el tiempo y la distancia llegaron para quedarse.
Ya nos queda lejos aquel sueño que nos embargaba,
haciendo tiempo con café y limonada en aquel Starbucks
de la antigua plaza madrileña Cánovas del Castillo.

Ya nos quedan lejos aquellos trenes y aquella estación
en la que te buscaba como loco entre la gente al llegar,
y en la que maltrataba mi corazón en cada despedida,
sin ganas de dejarte marchar con tu olor a vainilla,
mientras las vigilantes nos miraban con ternura y pena.

Y es que hoy, como a veces, me acuerdo de ti y te añoro,
recordando la belleza de tu cuerpo desnudo en la cama,
la nostalgia infinita en tus grandes y bellos ojos,
la humanidad de tu persona, la suavidad de tu piel,
tu tierna voz cantándome y la pasión de tus caderas.

Y es así como mil y una veces te pienso en mi recuerdo,
cierro los ojos en la noche y la oscuridad viene a por mí,
apareces firme y bella, trato de abrazarme a tu cuerpo,
puerto seguro en que me refugiaba y salvaba antaño,
aunque hoy, al despertar, solo hay lágrimas por el olvido.