Tanteando el destino

Navego en la oscura sombra de esta tormenta,
y sólo almaceno tu nostalgia en mis adentros.
Sé que murió la eternidad en aquella hora,
y se cambió tu hermoso brillo por esta miseria triste.

Y a este corazón le cuesta continuar latiendo,
pues te amé como única patria de mi cuerpo.
Eras el único sol en mi cielo nublado a veces,
único puerto al que atracaba buscando refugio.

Y aquí te dejo las lágrimas de aquella guerra,
la que perdí pues conquistaste mi mundo.
Donde entregué mi sangre hasta la muerte,
sin arrepentirme un ápice de lo que te di siempre.

Y así murió aquel cielo sobre nosotros dos,
se desangraron estos salvajes y tiernos corazones.
Nos fueron arrebatados los besos tras las barricadas,
y hora tanteo a solas el destino de mi decadencia.

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