Archivos Mensuales: febrero 2012

Así te pienso hoy

Tus ojos, que me miran, y veo que respiras ternura,
no encuentro puerto donde hallarme más tranquilo,
reposado en tu pecho agitado, suave y cálido,
dulce como flores nacientes en el mes de mayo.

Tu cabello, proyectando sombras en tu cara,
dejando caer ondulaciones salvajes, bellas,
en tu cara que tanto me gusta, donde mis labios,
saborean el aroma místico de tu piel.

Tu sonrisa, ensueño de la felicidad plena,
madriguera que cobija juegos de cama y caricias,
mariposas que se removían en tu estomago entonces,
rociadas con la alegría de cañas y paseos de la mano.

Tus pechos, montañas en las que guarecerse,
donde encuentro el reposo del guerrero,
con tu respiración como estribillo de mi himno
que siempre vuelve a rescatarme, mujer de bandera.

Tus manos, pequeñas y bellas que me acarician,
la poesía más tierna que ha rozado mi cuerpo,
junto con tus besos, en los que nos buscábamos,
entregándote también los sonetos de fuego de mi boca.

Y así te pienso hoy, en esta mañana de lunes fría,
con un deseo ardiente de abrazar tu cuerpo y besar tu boca;
después de todo ambos deseamos esos momentos de felicidad,
después de todo, cruzamos la vida más allá de nuestros cuerpos.

Mañana de canciones

Esta mañana, escuchando música,
entre recuerdos de lo vivido pensaba…
como pasan los años, como enterré vidas,
como añadí tumbas de recuerdos,
nacieron arrugas de contar frente al espejo,
anhelé los grabados de tus dedos en mi piel,
viajes en tren atravesando campos,
salvando la maldición agridulce de la distancia.

Mi memoria –tan frágil y volátil a veces-,
esta mañana con una canción se me viene encima,
trayéndome buenos recuerdos vividos y
haciéndome echar de menos paseos de la mano,
habitaciones de hoteles, terrazas entre tapas,
baños que limpiaron más el alma que el cuerpo,
mis heridas curadas con un cariño extremo,
tu cuerpo al que le sobraba tanta ropa y
canciones tiernas como la sonrisa de un niño.

Y aquí me tienes reina mía, mitad de mi vida,
deseando tenerte entre mis brazos y en mis labios,
esperando un deseo, un sueño infatigable,
un nuevo camino en un futuro incierto,
lleno de esperanzas y complicidades;
deseando abrir ese vino que ya se hace añejo,
leerte estos poemas echada en mi hombro,
regalarte mañanas de luz y noches de caricias,
risas entre sabanas blancas y una vida,
mi vida, donde viniste hace tiempo para quedarte.