Archivos Mensuales: diciembre 2011

La batalla

Es en plena batalla cuando te pierdes,
cuando a veces ves o se te oculta el enemigo.
Cuando deseas que todo pase pronto,
cuando deseas saltar el precipicio con un solo salto
y sientes las ganas, desde las vísceras,
de lanzarte al aire, aunque quizás todo acarree
una explosión a tu alrededor que te derrumbe,
que el sonido de las voces te martilleen
como el zumbido de un mosquito vicioso
buscando alimento en los cuerpos caídos.

Ganas de cruzar ese paso de arena blanca,
quizás en la noche fría sin más luz que la luna.
Apretar puños y dientes, soltando quizás un gruñido,
sintiendo tu corazón como un tambor sordo,
el sonido del dong que te haga sentir embriagado,
con fuerzas para combatir, para luchar contra
esas garras que te aferran la libertad.

Y si, así te sientes ciertas noches en las que te pierdes,
sin ver los grandes ojos que siempre te han sabido guiar,
la voz templada y queda que te hacía descansar,
la presencia de oro que revestía tu alma de color rojo
como la sangre que nos da fuerza y vida.

Y hay noches en que solo quedan perlas transparentes,
formando ríos bajo los ojos hinchados por el dolor,
donde suspiramos un poco en busca del futuro,
como de una aguja que te pinche el dedo,
que te haga real, que te traiga a mi pecho al galope,
que el ruido de los caballos tire de este pesado carro,
que mi corazón se transforme un potro joven.

Quizás solo necesite que mis lágrimas de ciertas noches,
puedan desembocar en la mano que tejió mi piel,
bañándola en sentidos ríos sin que se nos desborden,
que juntos podamos compartir nuevas alegrias.

 

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Mi corazón

Tengo aquí en el alma, ya vieja y gastada,
latiendo en este corazón dentro de mi pecho,
mil miedos y pesares escondidos del mundo,
en un templo sagrado en eterna clausura,
donde he guardado todo lo que fui,
todo lo que soy, y todo lo que deseo,
todo lo que mi destino y mis elecciones
me supieron brindar de penas, alegrías y ventura.

Y así han estado años, ocultos en mi,
en silencio, en mis adentros, escondidos…
vagando por este sendero vedado
que no lleva sino hacia el más oscuro retiro,
pero ya sabes cómo soy, prefiero morderme la lengua
antes que franquear el secreto camino al mundo,
antes que mostrarme vulnerable ante la gente.

Pero necesito, corazón mío, que me digas una cosa,
y solo puedes hacerlo tú, lo sabes sobradamente,
explícame, ¿cómo desde el primer día,
-día que tan lejos está para mí ya en el recuerdo-
tan despacio, tan insinuante, tan clara y segura,
has podido tú penetrar hasta allí, hasta aquí dentro?