Archivos Mensuales: noviembre 2011

El beso

“Creo en mi corazón, el que yo exprimo para teñir el lienzo de la vida…” Para ti, que admiras los cuadros de Klimt tanto como yo.

Hoy no escribo ningún poema, ya ves. Simplemente me tienes frente a una pantalla admirando cuadros de Gustav Klimt, pensando en cómo sería pasear por Viena de tu mano, quizás con el frío que ya debe azotar por aquellos lares, buscando cobijo en alguna taberna o bodega donde mojarnos los labios, no solo de nosotros a base de besos, sino con cerveza autóctona.

Y ya ves, mientras miro cuadros que adoro desde pequeño, que se que tu también admiras, escucho incansable versiones del Canon de Johann Pachelbel pensando en tu sonrisa, en tus besos, porqué los añoro, porque tengo sed de tu boca, hambre de tus labios, frío sin tu piel…

Hoy quiero regalarte este cuadro que resume mi deseo, mi sueño, mi anhelo y esperanza. Quiero regalarte un beso como quiero regalarte toda una vida.

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Tu regalo

Sin duda nada me esperaba,
pero tú siempre apareces
de la forma más extraña.

Tras el aviso, camino a recepción,
la sensación de ti, de quien nada esperaba,
sentí al momento como una revelación.

Y así ando, sorprendido y desbordado,
inmerecedor de tus halagos,
lástima que no estés aquí, vida mía!

Cómo me gustaría hablar , gritar a todos,
acerca de lo que me sorprendes,
de lo maravillosa y guapa que eres,
de la vida que regalas a la vez que respiras,
del gran corazón que inunda tu pecho.

Y aquí me tienes, atontado, con media sonrisa,
deseando pasar el resto de mi vida tu lado,
con mi ‘te amo’ en plena vigencia,
y es que solo soy un hombre,
que sigue teniendo el alma de niño.
(Gracias por el regalo, el mejor que recibí en años. No me lo merezco)

 

Mar

Reconozco que este lunes se me hace extraño,
no sé si por el sueño de varias noches que arrastro
o por este cielo gris de noviembre que no me anima,
o las olas que esta mañana vi romper en la playa.

Seguramente no sea nada de eso, tan solo mi recuerdo,
el mirar una foto simple que hiciste de tu playa,
que me ha desatado el recuerdo y las ganas de vivir,
de vivir un verano, con menos frío que hoy, a tu lado.

Porque para mi a veces eres mar, todo un mar.
Un mar de sentimientos, con sus calmas y tormentas,
murmullo de olas acompasado que me relaja con su ritmo,
porque solo a tu lado siento que eres el mar,
porque a tu lado ya me acaricias con tus olas.

Porque añoro eso mi vida, tu presencia cálida y cercana.
Que el aire de tus dulces labios al acercarse a los míos
se convierta en caricia de tu mirada, de tus grandes ojos,
que el sueño de tu boca me estremezca en cada sílaba,
acompañándolas con la locura de esos besos que salvan.

Por eso a veces te comparo al mar que acaricia las playas,
ese mar que tengo tan cerca y miro mientras te pienso,
ese mar que a veces me ahoga entre miedos.

Por eso me gusta cuando, por fin, con tu media sonrisa
me invitas a sumergirme en ti, mar de mis alegrías,
y así olvidar que una vez existió un mundo en el que tú no estabas.

 

Blanca manta

Casi un año hace ya cuando un invierno
nos regaló una tarde junto a una chimenea,
bajo nuestra blanca y suave manta,
donde nos cobijábamos del frio y del mundo.

Allí, en una casa de campo, fría y lejana quizás,
préstamo sin intereses de una genial amistad,
donde sin poder descorchar el vino
nos bebimos sorbo a sorbo nuestros labios

Ideas y venidas por carreteras como serpientes,
de duro asfalto gris como mi vida,
que en esos dos días me llevaron a verte,
a ver la felicidad en tus grandes ojos marrones.

Era invierno si, como este que nos acechará en breve,
donde soñábamos con cocinar juntos lo que fuese,
y donde hoy, cuando escribo esto, ya lo sabes,
me gustaría cocinar berenjenas a la crema
como la que tu abuela te cocinaba hace años.

Esta mañana te añoro mucho, añoro rozar la felicidad,
sentir el compás de nuestros latidos al abrazarnos,
conocer el por qué de mi destino en el camino
de tus dedos acariciando mi piel y mis sentidos,
mientras juntos, quebramos la vida entre gemidos.