Archivos Mensuales: febrero 2011

Te pienso

Estoy acordándome de ti cada minuto, continuamente,
mi alma se me antoja gótica, como mi estado de ánimo,
y mis pasos por tus recuerdos pasean pacientes,
desmenuzando los recuerdos y tus olores.
Y es que estoy enamorado de ti
y te siento lejos, a seis mil kilómetros.
Lejos de esta ciudad desconocida que me contempla,
que contemplo buscándote por las aceras,
aunque sé que solo yo puedo sentirte en esta isla.
Y esa es la imagen que tengo a veces aquí,
entre edificios de piedra, metal y cristal,
mientras observo los cables de acero del puente de Brooklyn,
imaginando un puente que me acerque a ti.
Y es que sin ti todo es distinto,
a todo le falta algo para que me llene.
Y hasta al Moma le falta lo que a aquél Caixa Forum
donde tus pasos a mi lado le daban belleza a todo,
donde junto a las fotografías me perdía en tus grandes ojos.
Y aquí sigo, con esta cerveza en la mano izquierda,
enjugando mi mirada con el agua del East River,
con el sonido amortiguado del devenir de esta ciudad
que habla un idioma lejano a nosotros.
Y te echo de menos en este lugar con paraguas de estaño,
donde mis palabras accidentalmente se rompen por la lluvia.
Lluvia que me moja y me lleva a buscar cobijo en un café,
aunque yo añore cobijarme en tu cuerpo de mis fríos;
En tu corazón, donde habitan mis anhelos y deseos.
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Equipaje

La noche que de nuevo me llega,
a esta intempestiva hora de la madrugada,
donde me siento ante un papel en blanco
a las puertas de un viaje que no me lleva a ti.
Y no sé ni que echar la mi maleta
pues solo necesito tus besos y abrazos,
tener tus ojos como la luz que me guíe
a ciudades de ensueño que todos vimos por televisión.
Y te echo de menos aun antes de mi partida,
porque la única gran manzana que deseo visitar
no es la de la gran urbe que encierra Manhattan,
sino la manzana que probé en tu paraíso.
Esa fruta prohibida que me tiene enamorado
a base de buena conversación, confianza y complicidad;
ese paraíso que has abierto de par en par para mi
entregándome tus secretos y anhelos más profundos
Y es por esto que no se que llevarme como equipaje,
cuando lo único que deseo es sentir tu calor en la noche,
fumarme tu aliento mientras duermes a mi lado
viendo tu cuerpo descansando tras querernos.
Porque no deseo mas viaje que el que me lleve a tu lado
sin aviones ni aeropuertos con largas esperas,
pues solo espero el día en que volvamos a vernos,
estar juntos fundidos en nuestros cuerpos como entonces.
Y yo mañana partiré con mis carencias y sin ganas,
y tú te quedarás triste, intranquila por el vuelo.
Y estaré pensándote en mis sueños y mis paseos,
deseando compartir contigo esas visitas, sin entenderlas.
No sé cómo decirte hasta luego, el no saber de ti,
se me antoja complicado el trance de alejarme aun más;
aunque a ciencia cierta habitas aquí dentro,
corriendo por mis venas y mi corazón,
pues de tu cuerpo y pecho ando preso.
En mi maleta seguro que llevaré un mapa,
el callejero de todos sus deseos,
aun los que apunto para explorar,
y os que he vivido acariciando tu piel.
Y volveré para quererte, para amarte de cerca,
porque, reina, no concibo mi vida sin ti,
porque no deseo más que tus besos,
tus jadeos, tus sonrisas y tus manos,
que sin prisa alguna, nos lleven al mismo cielo.

Tus besos

Pienso en tus labios…
y quiero que bebamos ese vino que no llegamos a abrir.
Que tus labios humedezcan los míos con el sabor
de esas uvas tintas y nos deleitemos de pasión.

Ahora me gustaría atraerte a los juegos del amor,
porque pienso en tu pecho, tan lleno y hermoso,
cuando he podido estar allí bebiendo de tu cuerpo
acariciando y besándote, dándonos el uno al otro.

Y me gustas así, exenta de todas esas prisiones,
libre de sostenes, libre de ataduras que nos atan en ciudades distintas,
con la mirada distraída en tu cuerpo
siendo devoto de ti y de tu sensualidad,
sin dar oportunidad al tiempo para que se nos escape.

Quiero volver a amarte como entonces,
con ese deseo, pasión, ternura y fuerza.
Quiero entregar mis besos a tus labios, a tu cuello, a tus pechos,
quiero sentir el calor que antecede a la fusión
de estos cuerpos que se buscan irremediablemente siempre.

Luego, adoro el momento que me haces esa llamada tan tuya,
cuando me dejas escuchar a la tentación y al deseo desde tus entrañas,
y mi único anhelo y afán es el que se esconde en tu cuerpo, tras tus ojos.

Ese momento, que nos hace besarnos y llegar al lugar más hermoso,
donde el resto del mundo prefiere guardar silencio,
y yo sentir tus labios que nos calientan hasta el límite del placer.

Quiero tus besos, que no cesen, que no demos tregua al momento.
Deseo tener las manos debajo de tu cuerpo en flor, toda tu belleza.
Anhelo tu vientre, pasearme por él y perderme dentro de ti,
perderme en la magia del lugar donde están los secretos del amor,
y experimentar el ritmo de dos cuerpos bailando al unísono.

Quiero que sintamos el calor tremendo de esa celebración del amor,
el único lugar en este mundo donde nos sentimos seguros,
donde somos nosotros mismos entregando el alma.
Escucha a tu corazón, sus sístoles y diástoles,
laten al ritmo de mi agitada respiración,
y no lo podemos detener en su camino hasta el éxtasis,

Después, quiero que me mires con esa sonrisa tan tuya,
sentir esa alegría en el corazón que solo tú me sabes provocar,
sentirnos uno junto al otro, adorándonos a base de besos.

Te amo como solo puedo hacerlo yo,
y me siento amado como solo tú lo haces.
A fin de cuentas, eso es lo único que nos salva de esta vida,
besos que gimen y que hacen que hasta nuestro cielo delire.

Vagones y canciones

Aquella estación de tren donde te vi apesadumbrada.
Jamás te intuí así, triste, frágil y con esa mirada perdida.
Vi, desde lejos, como se te iba toda la ilusión en un vagón,
como volvías a esa vida que te ataba y te asfixiaba,
trayéndome a la memoria esa misma mirada
que tenías en Granada, mirada de perdida.
Si, por eso poco después, me acerqué desde lo alto a decirte adiós,
porque el abrazo de antes, el que provocó en la revisora de billetes
aquella sonrisa tierna, me supo a poco, a poquísimo.
Porque en cada despedida que hemos tenido
nos hemos dejado partes de nuestra alma a jirones,
porque tras tocar el cielo con la punta de los dedos
la vuelta a la cotidianidad cuesta horrores, ambos lo sabemos.
Y así me he despertado a esta mañana de lunes,
con un bostezo donde bien desearía tus besos.
Me he mirado al espejo y he peinado más canas,
y me he sonreído pensándote en una canción,
porque sigo siendo el mismo, el mismo de aquella cama.
Así que espero que la canción que hoy te he regalado,
te haya tocado el corazón, el cuerpo y la memoria,
que sientas lo que hoy no puedo hacer con mis manos.
Que el anhelo de nuevos trenes nos lleven
a un paseo por Malasaña, donde un bull dog francés
te arranque una sonrisa de ternura,
y en donde sobre un sofá amarillo
podamos sentir, soñar y amar. Libres.
(Por cierto, felicidades en este día)

Perdido, a la deriva y desarbolado

Perdido, a la deriva y desarbolado.
Así me siento en este aciago día.
Tras tus palabras certeras y firmes,
tras tus despedidas de pocas palabras.
Tu tarde sin duda de combates entre abrojos,
mis velas flameando en la incertidumbre.
Ambos zozobrando en este mar,
sin sextante ni brújula que me guíe.
Solo espero que ninguno de los dos naufrague,
que no nos trague el mar de los sarcasmos.
Si acaso que nos entregue a una playa desierta,
donde vivamos sin cargas ni lastres que apesadumbren.
Y, con todo, sigo navegando por este día,
mi planisferio celeste solo me muestra tus ojos,
estrellas visibles aun en esta oscuridad que me invade,
me iluminan y me guían no se aun a que tierra.